Hoy me han despedido

Miércoles 3 de julio

 ¡Qué suerte la mía! Una vez más sola, pensé al consultar el horario; de cualquier forma estaba dispuesta a dar lo mejor de mí, a pesar de que no estaba recibiendo la formación pactada. Confié en mi experiencia. Llegué pronto, como siempre. Aún estaba cerrado, así que tuve tiempo para hablar con una compañera. La misma que me aconsejó desde el primer día que insistiera en tomarme la media hora para comer. Claro que olvidó decirme que de 12, yo era la única que ejercería ese derecho. 

Sí, ya sé… 

Pero todo esto me pilló en modo Zen. Tenía tantas esperanzas puestas en este proyecto que era más fácil pensar que no coincidía con mis compis en el comedor, ¡y no que les obligaban a trabajar un turno completo de 8 horas, sin comer!

A día de hoy sigo asombrada, es para estarlo, ¿verdad? Entonces, ¿por qué en el curso fueron tan específicos al respecto? 

Debí imaginarlo, ¿cómo no lo vi venir? El buffet del personal era insuficiente, ¡ni con el milagro de los panes y los peces!, comían los más de trescientos empleados. 

Además, estaban los comentarios…

“Aquí llegar 15 minutos antes, es llegar tarde”.

 “Me fui a mi hora y desde entonces me miran mal”.

A esos tampoco les di importancia. 

Ahora que todo ha pasado, no soy capaz ni de mirar mi uniforme. Siento rechazo, un nudo en el estómago y tristeza, mucha tristeza. Abusaron de mi confianza. ¿No me explico cómo no se les cae la cara de vergüenza? No puedo decir que a lo largo de mi experiencia laboral no haya vivido turnos interminables, sin paga extras, ni finiquitos, sin comer en turnos de hasta 12 horas. Todo esto ejerce un daño considerable, tanto físico como psicológico. Estamos en 2024 y esto todavía no está controlado. 

Continuará…



Hoy me han despedido

Viernes 28 de junio

A la mañana siguiente llegué temprano al curso, me presenté a los compañeros que iba llegando. Afortunadamente, nadie más que los presentes en aquella sala a la que entre por error sabían de mi facilidad para meter la pata hasta el fondo. Aunque para no condicionar el resto del día, decidí no darle importancia. ¿Se puede ser más pava? 

 Ya… 

Bien, durante el resto del día escuché todo lo que tenían que decir y al día siguiente firmamos.  

Y el esperado y añorado primer día en mi nuevo trabajo comenzó con una hora y media de espera; al fin, llegó mi superior. Su primer contacto fue poner de duda mi último cargo. Ahora lo sé, pero en aquel momento solo me sentí incómoda por hablar de mis logros profesionales, y lo traté por encima para enfocarme en prestar atención a sus indicaciones, que fueron escasas. Aun así, pude defenderme. Había estudiado y confiaba en mi capacidad. Hubo alguna que otra cosa que mejorar, pero salí contenta. Aunque el jefazo, un personaje estirado, me miraba por encima del hombro. Ahora lo recuerdo, saliendo muy molesto de aquella sala. La verdad es que no le presté atención, esa clase de persona no suele relacionarse sino con los de su talla. El segundo día trabajamos muy duro; había tanto trabajo que, por un momento, pensé que me superaba. El tercero cometí un error de principiante, no seguir mi instinto, y el jefazo me llamó la atención. Luego todo mejoró e incluso me felicitaron unos clientes, mientras el destino se burlaba de mí ante mis propias narices; pero, yo estaba en Babia… Es lo que pasa cuando esperas lo mejor de los demás.   

Ellos, por su parte: 

A esta, cuando le traen el uniforme, dijo uno, el otro, dio el día, después puntualizó que los zapatos llegarían un día más tarde.  

¡Era de mi despido, de lo que hablaban!, y boba de mí, le quité importancia a lo de los zapatos, con un gesto. ¿Cómo se puede estar tan desconectada de la realidad? Vamos, que soy gaditana. Se supone que las cazo al vuelo… 

Creo que todas esas conferencias sobre cómo socializar tienen mucho que ver con todo lo ocurrido. El ingrediente perfecto para la receta del desastre. 

Estas y muchas otras cosas me pasaron inadvertidas porque mi taza estaba tan vacía que, por no tener, no tenía ni suspicacia. 

  

Continuará… 

  

Katy Núñez

Hoy me han despedido   

 

Lunes 24 de junio

El caso es que este no es un comienzo esperanzador para una obra literaria, ya que en la actualidad parece que nada de lo que hago me representa. Siempre creí que no era como aquellos autores que se bloquean ante la falta de ideas (menuda ilusa). Hoy lo digo suspirando, he tenido días muy malos. ¿Si no sonríes cuando escribes, si no eres capaz de emocionarte, eres fiel a ti misma? 

En tal caso, ¿por qué el teclado no me revela descarada, descalza, divertida y romántica? No obstante, ¿soy responsable de establecer la complejidad del argumento dramático? Podría ser algo así:

 Mi nombre es Cata y tengo 53 años. Hoy he llorado porque echo de menos un lugar donde sentirme a salvo. ¿Cómo puedo pretender ganarme la vida escribiendo? Entonces… ¿Lo que necesita el lector, es la trama sofisticada y peligrosa de ir a toda velocidad en una moto potente, pero sin el peligro de terminar sobre el asfalto con la cara ensangrentada y el casco partido por la mitad? ¡Vaya, resulta inquietante! En realidad, hay momentos en los que no soporto que todo me dé miedo. De eso sé mucho, así que supongo que, aunque suspiró agobiada, debería ponerlo en contexto. 

 En breve comenzaré a trabajar en un lugar increíble. Me pregunto si será un desastre, no hace mucho que soy consciente de mis carencias al socializar, aunque espero que este diario me ayude a mejorar. Desde ayer sé que el lunes y el martes debo acudir a unas charlas de presentación, me angustia pensar en ello, desde luego pensé en no acudir, pero quiero saber si soy capaz de hacerlo. Prometo que, a pesar de lo que escribo, no estoy más loca que el resto. De hecho, he decidido no volver a discutir con el espejo, no es broma. Tan solo creo que estoy perdida.  Definitivamente, nada puede prepararte para ser traicionada, así como ni la mejor canción. Ayuda cuando tu mejor amigo te engaña, por entonces viví un auténtico infierno que tatuó indeleble la palabra luto sobre mí. Me siento muy triste y sola.

Ah…

 ¡Y sí, doy saltos tremendos de una cosa a otra, pero así funciona mi cabeza! ¿Puede que necesite pensar en algo menos dramático…? ¡Me encanta ver el rostro de mis padres! Ellos están muy orgullosos de mí, por eso escribo entre otras cosas.  Ya… Seguro que le pasa la mayoría. A veces, puede resultar abrumadora tanta atención, aunque también es genial.

 Después de todo, dibujo un poco, cocino un poco, estudio un poco, ¡pero eso es todo! ¿Habrá una razón de peso para mi existencia? De ser así, desde luego no sería en mi último trabajo. Antes de aceptarlo, investigué un poco. La empresa parecía ser seria. Con un porcentaje de rotación bajo, y premiada en varias ocasiones por mantener un ambiente sano entre los empleados. Realmente estaba emocionada. Trabajar en la hostelería sin sufrir daño psicológico era, casi poético. Un chollo.

Así que emprendí mi camino, emocionada y nerviosa. Por delante, una noche cargada de dudas y dos días de cursos para ponerme al día sobre los logros de la empresa.

 Aún no sé cómo ocurrió todo lo demás…

Katy Núñez.

 

 

 

 

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¡Ella sentía cómo la música vibraba desde su pecho!, aún creía en los cuentos de hadas. No hacerlo estaba prohibido por sus sueños de niña.

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