
Ausencia
Por Katy Núñez
Hoy, ordenando su estudio, me he sentado en el viejo escritorio de metal. Con la pantalla apagada y el diario de tapas de cuero abierto entre las manos, por fin he entendido la quietud en la que vivía.
Entre teclas gastadas y páginas repletas de una juventud que yo no conocí, descubrí que no estaba solo; habitaba el refugio de sus recuerdos. A veces necesitamos sentarnos exactamente donde ellos estuvieron para comprender el tamaño de su silencio.
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