Por Katy Núñez
El sol ya doraba las copas de los pinos y el rocío brillaba sobre la hierba. La luna, sin embargo, parecía resistirse a abandonar la rama más alta del viejo roble, donde el búho seguía con los ojos abiertos de par en par.
Embelesada por las páginas del libro de una joven llegada de lejos, que ahora pasaba el día en las tierras de don Manuel —un anciano malhumorado al que solo el viento saludaba—, el ave lanzó un hondo ululato matutino. El bosque entero pareció detenerse. Confundidas, las ardillas dejaron de recolectar y un lirón rezagado tomó el camino equivocado al regresar a su madriguera.
Don Manuel, sobresaltado por aquel revuelo, dejó de ordeñar a Filipa. La vaca, molesta por la interrupción, coceó el cubo mientras la leche, aún tibia, empapaba el esparto y la loneta del calzado del anciano. —¡Esperanza, diablo de niña! ¿Dónde estás? —gritó, convencido de que todo aquel alboroto solo podía deberse a la visita de la nieta de doña Juana.
La anciana había partido temprano hacia el mercado para vender cuatro docenas de los cinco cartones de huevos que guardaba en casa. En un principio quiso llevar consigo a Esperanza, pero la muchacha rompió una docena entera mientras cargaban el carro y la idea quedó descartada. A regañadientes, y aprovechando una antigua deuda pendiente, doña Juana convenció a don Manuel para que vigilara a la joven durante la mañana. El viejo, demasiado orgulloso para dejar una cuenta sin saldar, aceptó el encargo, aunque el amanecer ya le reclamaba suficientes tareas.
Oculta tras los matorrales, Esperanza volvió la cara al escuchar los gritos del anciano que la llamaba. En ese mismo instante, el lirón despistado se acercó con curiosidad a cotillear las páginas abiertas. La joven lo observó con ternura mientras le explicaba que aquel libro hablaba del amor prohibido entre dos familias enfrentadas.
—No, pequeño, eso no es para ti —susurró con una sonrisa mientras cerraba el libro. Se puso en pie de un salto, sacudiéndose las hojas de la falda, y caminó siguiendo el eco de los gritos aún flotando entre los árboles; desanduvo el camino entre la maleza.
#Literatura
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